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| EL PRIMER NIVEL |
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Todo lo dicho en el apartado anterior suena muy bonito e interesante, pero llevarlo a la práctica es otra cosa. Estamos tan absolutamente condicionados por nuestras experiencias pasadas y por el contexto sociocultural, que aun comprendiendo racionalmente el problema, tampoco sabríamos cómo abordarlo. Renunciaríamos a una interpretación para caer en otra. Permanecer en silencio, o sostener la ignorancia sin rellenarla, exige confianza, tolerancia y entrenamiento. ¿Cómo aprender entonces Sat Nam Rasayan? ¿Cuál sería el primer paso?
Guru Dev nos invita a iniciar esta andadura a través del reconocimiento de las sensaciones propias, e insiste que, para aprender Sat Nam Rasayan, hace falta un mapa. Los mapas muestran el camino a las personas que se adentran por primera vez en un paraje, o a los que, adentrados, se despistan. Para los que ya conocen el territorio, el mapa es un estorbo y trazan nuevas sendas. |
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ABRIR EL ESPACIO
Lo primero es abrir el espacio de silencio, y para ello utilizamos “el campo sensible”. Las sensaciones son un aspecto de nuestra consciencia totalmente personal, inmediato, cambiante, multidimensional, ilimitado, irracional... Sería imposible describir una sola sensación con palabras… eso sin tener en cuenta que las sensaciones van cambiando, y que suceden muchas a la vez.
El primer paso en Sat Nam Rasayan es reconocer las sensaciones producidas por el peso - la gravedad- y permitir que nos sucedan en todos los rincones de nuestra consciencia, sin traducirlas a palabras ni tratar de entenderlas, renunciando a controlarlas, simplemente contemplándolas. Al principio, dichas sensaciones resultan superficiales, inexpresivas o incluso vacías… da igual: eso es lo que sentimos y, por ende, permitimos que nos suceda. He aquí la primera gran lección: permitir lo que hay, sin buscar otra cosa. Permitir es dejar que las cosas sucedan, tal como aparecen, sin proposiciones, sin hacernos ninguna idea, sin tratar de cambiarlas ni de controlarlas.
Al poco, tal vez en segundos, aparecen pensamientos, con su cortejo de emociones e impulsos subyacentes: por ejemplo, necesidad de entender, de controlar, dudas, desconfianza, cansancio, fantasías… que, a la postre, nos distraen, nos concentran e impiden sentir las sensaciones con fluidez. A estas vivencias de límite o contracción las llamamos, en Sat Nam Rasayan, resistencias. El curador observa atento y reconoce cuándo las resistencias le suceden. No las juzga; sencillamente las permite. Y ahora viene otro de los pilares de la enseñanza: al permitir las resistencias, éstas se diluyen. Entonces, el espacio meditativo se hace mucho más intenso, profundo y silencioso.
La tendencia de todos nosotros es considerar que las resistencias son negativas y rechazables. Pero el sanador aprende a reconocerlas y permitir que le sucedan, al tiempo que siente el resto de sus sensaciones. Así, las resistencias se disuelven. Costará más o menos, pero yodas cederán ante un espacio amplio y paciente. Entonces el curador comprende que las resistencias, lejos de resultar negativas o indeseables, son el portal del silencio y la clave de la intensidad.
Al disolver las resistencias, el curador entra en un estado silencioso. Nada existe fuera de su conciencia, y el universo entero se percibe como una sensación sin límites e indiferenciada. Libre de distracciones, permanece en este estado simplemente porque sí, sin esfuerzo, gracias al poder inmenso y sutil de su intención.
Evidentemente, las resistencias son muchas y de varios tipos. Algunas están profundamente arraigadas. El aprendiz las estudiará durante su entrenamiento. Por fortuna, no es necesario estar absolutamente libre de resistencias para curar. Basta con soltar las suficientes como para crear un espacio meditativo “más allá” de las proposiciones.
EL CAMPO SENSIBLE
Llamamos campo sensible al conjunto de nuestras sensaciones. Éstas suceden en nuestra conciencia, y no en nuestro cuerpo físico, como pudiera parecer. Sin embargo, nuestro conocimiento es capaz de referirlas a un mapa corporal. Un detalle importante: mientras sentimos, dicho mapa no se visualiza, simplemente se sabe.
El estudiante se entrena en sentir cualquier sensación física que pudiera sentir: su cabeza, sus pies, la piel por delante y por detrás, sus órganos internos, el campo de vibración que rodea su cuerpo. Estas sensaciones suceden siempre juntas, mezcladas sin compartimentos ni límites. Las sensaciones del interior del cuerpo se prolongan al infinito, y las sensaciones por fuera de la piel suceden también por dentro. Arriba y abajo, dentro y fuera, no tienen sentido. Es más: aunque ciertas sensaciones sean nítidas, la mayoría permanecen indiferenciadas, y sin embargo, de alguna manera inexpresable, el curador conoce a qué se refieren.
Un campo sensible bien desarrollado permite al curador sentir un amplio y sofisticado abanico de sensaciones. De este modo va preparándose para lo que, en el segundo nivel, se le conoce como “espacio de conocimiento”.
ECUALIZAR EL CAMPO SENSIBLE
Ecualizar el campo sensible significa sostener todas y cada una de las sensaciones al mismo tiempo y en todos los puntos de la conciencia. Significa también que todas las resistencias son, a medida que surgen, inmediatamente sentidas, incluidas y disueltas. Finalmente, ecualizar supone que nada hay fuera del campo sensible: todo lo que existe está incluido en la conciencia en forma de sensaciones.
INDIVIDUALIZAR
Individualizar significa establecer una relación a través de la mente meditativa. Y esto hace del Sat Nam Rasayan algo único. Muchas escuelas enseñan a meditar, pero muy pocas a relacionarse a través de la meditación. El Sat Nam Rasayan es una técnica yogui de meditación y de sanación al mimo tiempo. De la meditación obtiene su capacidad de sostener la conciencia silenciosa e indiferenciada -de modo parecido a otras escuelas-. De la curandería hereda la capacidad de relacionarse, de reconocer el universo dentro del espacio meditativo.
CÓMO SE INDIVIDUALIZA
Llamamos evento al objeto con el que nos relacionamos. Individualizar consiste en sentir qué siente el curador en su campo sensible en relación con el evento. Dicho más simple, sentir qué se siente, o cómo se siente, el evento. Dado que el Sat Nam Rasayan es una técnica de sanación, éste será la dolencia del paciente.
El curador acepta las sensaciones que le vengan, la cuales podrán referirse a cualquier aspecto de su campo sensible; no trata de entenderlas, probablemente carezcan de explicación racional. Simplemente las permite y las contempla, reconociendo al mismo las resistencias que aparezcan. Esas resistencias reflejarán el conflicto del paciente.
Pongamos un ejemplo: una persona acude con dolor en una rodilla. El sanador abre el espacio, permite su campo sensible y e individualiza la rodilla del paciente. Esto último lo hace sintiendo cómo se siente “aquello llamado rodilla” en todo su campo sensible; Guru Dev lo expresa así: el sanador observa cómo su campo sensible reacciona ante la rodilla dolorida del paciente. Supongamos que el sanador siente una tensión en la garganta. Aceptará tal cual esta sensación sin juzgarla ni tratar de comprenderla. Posiblemente no tenga –en ese momento- una explicación racional. Pero, desde luego, no es casual. Esta sensación en la garganta del curador refleja el conflicto en la rodilla del paciente. Podremos decir que “la alteración de la rodilla del paciente aparece en el curador como una sensación contraída en su garganta.
El ejemplo precedente se ha simplificado mucho. En la práctica, hay muchas otras sensaciones la vez. Algunas serán de naturaleza “contraída”, por ejemplo, una sensación de vacío en la espalda, o tensión en una cadera. Otras sensaciones serán más agradables, por ejemplo, una respiración fluida o ligereza en el abdomen. La mayoría de las sensaciones permanecerán, sin embargo, en un estado neutro o indiferenciado, como una sensación global e ilimitada de uno mismo. Todas estas sensaciones son percibidas por el curador a la vez, sin elaborarlas ni describírselas en palabras.
Podemos individualizar cualquier cosa: trastornos físicos, emocionales, energéticos; igualmente podemos sentir qué sentimos –y por ende, sanar- animales o eventos tan variadas como edificios, casas, lugares de trabajo, incluso alimentos, instrumentos de todo tipo, gemas, plantas, y un largo etcétera que comprende cualquier acontecimiento. En realidad, esta técnica es un sistema de comunicación donde el sanador libera las resistencias que aparecen en relación con cualquier evento que pueda concebir.
Al individualizar, el sanador renuncia a su discriminación. En otras palabras, el objeto de su relación no tiene forma ni distancia, sino que surge de su silencio. No trata de visualizarlo, ni considera que esté frente a él, ni utiliza su conocimiento previo acerca de ello, ni tan siquiera lo considera como algo diferente de sí mismo. Delega en su memoria, confiado en que sabe qué es aquello. Reconoce que lo que pudiera saber no importa en este momento y se limita a permitir las sensaciones que vayan surgiendo. Sabe que todo el universo, incluyendo todos los posibles eventos con los que se pudiera relacionar, sucede de modo indiferenciado en su conciencia.
El evento es indistinguible de las sensaciones que el curador tiene de sí mismo. Por lo tanto, en lo más íntimo, el evento y el sanador suceden en el mismo espacio, se experimentan como lo mismo. He aquí el espacio yóguico de unidad.
Obsérvese la siguiente sutileza: el curador no siente al paciente: siente lo que él siente ante el paciente. Dicho de otro modo: el curador sólo se siente a sí mismo; en este caso, a sí mismo en relación con el otro, pero, al fin y al cabo, lo único que siente es a él. Dice Guru Dev: “en Sat Nam Rasayan, “el Otro” no existe como algo diferente y separado de ti. Y esto nos conduce a hablar de las tres leyes del campo sensible.
LAS TRES LEYES DEL CAMPO SENSIBLE
Estas leyes son:
1º. Lo único que existe en el campo sensible es lo que sientes. Cualquier cosa diferente a una sensación no existe para el campo sensible. Los pensamientos, proposiciones, fantasías, o cualquier contenido proyectado en la pantalla mental carecen de valor; son resistencias que nos sacan de estado meditativo. Este principio enfatiza la importancia de sentir sobre el pensar, del permitir sobre el proyectar.
2º. Todo lo que existe está incluido con tal de que lo sientas. Este es el principio que se usa para disolver resistencias. Los pensamientos, proposiciones, fantasías, o contenidos proyectados en la pantalla mental –y que hablamos en la primera ley- están incluidos siempre y cuando el curador sienta cómo se sienten. En ese instante, la identificación cesa y las resistencias se disuelven. Guru Dev Singh también lo plantea de un modo más amplio del siguiente modo: todo tiene derecho a existir y es perfecto tal y como es: limítate a permitir las sensaciones que te produce.
3º. Lo único que sientes es a ti mismo sintiendo. Esta es la ley más sutil de las tres. El curado se limita a sentirse en relación con el evento, pero a la postre, nunca sale se sí mismo. ¿Qué valor tiene esto? Desde el principio, y hasta el fin, sólo existe una cosa: tú. En ti está todo. Tú y el universo sois lo mismo. Y el modo que tienes de percibir ese universo como algo separado y diferente es una fantasía; algo relativo, bastante pobre. Esta ley refleja el estado de unidad y de silencio.
COMPLETAR
Completar es el gesto curativo por excelencia del Sat Nam Rasayan. Como decíamos en el apartado anterior, al individualizar, el campo sensible del curador “se rellena” con sensaciones que están en relación con el evento individualizado. La mayoría de estas sensaciones permanecerán indiferenciadas, algunas podrán ser agradables o fluidas, pero habrá otras que se sientan desagradables o, en otras palabras, “contraídas”, igual que si fueran resistencias. Completar consiste en liberar las resistencias que aparecen en la relación con el evento. El sanador las permite hasta que se disuelven. Entonces se sentirá invadido por una sensación de alivio, ligereza y luminosidad, un éxtasis quieto y meditativo. Su conciencia se ha relajado y, al mismo tiempo, sabe que algo se ha relajado en su paciente, pues en ese momento, su consciencia y el paciente son lo mismo.
Sigamos con el ejemplo anterior. En relación con el dolor de rodilla del paciente, el curador ha percibido una tensión en la garganta. Para él, la rodilla del paciente y su tensión de garganta es exactamente lo mismo. Completar es permitir la tensión de la garganta hasta que desaparezca. Esto llevará más o menos tiempo, y exigirá al sanador que permita intensa y establemente su silencio. Una vez lo consiga, sabrá que la rodilla del paciente se ha transformado porque él mismo, como curador, también se ha transformado.
Completar es un arte. Aunque hayamos completado maravillosamente bien con un paciente, no sabemos qué va suceder con el siguiente. Es un ejercicio de inocencia y apertura. A veces, completar resulta extremadamente sencillo. Otras veces, cuesta más. Habrá días en que el curador permita y permita una resistencia y esta no se mueva, incluso parezca que se hace más pertinaz. Pero si el sanador se mantiene permitiéndola, llegará un momento en que se disuelva. “Nada resiste un querer suave y paciente” dijo Buda. Hasta el curador más veterano puede experimentar en ocasiones dificultades para completar. Le toca, por tanto, permitir y permitir. Las buenas experiencias crean, a veces, expectativas que se tornan en una resistencia, y se hace necesario recuperar la inocencia, la tolerancia y el silencio en cada sesión. El curador aprenderá a soltar cualquier opinión, punto de vista, expectativa, o asidero que sostenga.
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