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EL SEGUNDO NIVEL  
   
INTRODUCCIÓN AL SEGUNDO NIVEL

El segundo nivel de Sat Nam Rasayan ofrece agilidad y eficacia al sanador. Está diseñado para personas que quieran dedicarse a curar de un modo más intenso o profesional. También interesa a las personas que, sin declararse sanadores, quieran profundizar en el sistema.

SHUNIA, EL SILENCIO INTERIOR

Shunia es un término usado en muchas tradiciones y que significa silencio. Ahora bien, cada escuela difiere a la hora de explicarlo. En Sat Nam Rasayan se entiende por silencio un estado indiferenciado de conciencia, donde el universo está en uno mismo, sin forma ni distancia, y donde el observador está vacío. Huelgan más explicaciones. Lo importante es experimentarlo.

Estabilizar el silencio interior resulta fundamental en el segundo nivel porque se introducen enseñanzas –como el espacio de conocimiento o los ensueños- que, sin claridad mental, promueven la fantasía. La claridad y la sabiduría, la intensidad y el poder de sanar, surgen del silencio, y no de creencias, proposiciones o puntos de vista.

Guru Dev Singh formula, ante Shunia, la cuarta ley del Sat Nam Rasayan: cuanto más silencio tengas, más percibes la realidad. Y va más allá: cuanto más silencio tengas, más permites al evento existir.

EL ESPACIO DE CONOCIMIENTO

Para el sanador avanzado, cualquier experiencia en relación con el evento es información de lo que a este último le sucede. En Sat Nam Rasayan se consideran dos tipos de conocimiento: el simbólico y el directo.

El conocimiento simbólico. Existe la posibilidad de “filtrar” la experiencia del campo sensible a través de un “mapa cosmogónico” para que adquiera sentido racional. Al “traducir”, las sensaciones se introduce una abstracción, una distancia. Sin embargo, esa interpretación, ese “diagnóstico” tiene el poder reflejo de los símbolos y resulta coherente con lo que sucede. Cada vez que se hace una interpretación de la experiencia, introducimos e un margen de error. La certeza descansa en las sensaciones, que son reales, irracionales, indescriptibles y permanecen sin condicionar.

Las cosmogonías son modelos simbólicos y sencillos de la realidad, que provienen de tradiciones antiguas y han sido practicadas durante generaciones; por ejemplo, la astrología, las diversas numerologías, el sistema de los cinco elementos, etc. Los meridianos de acupuntura también son cosmogónicos, aunque de naturaleza más física y energética. Para utilizar las cosmogonías hay que ceñirse escrupulosamente a la tradición. Pongamos tres ejemplos: si el curador siente una tensión en un pie en relación con su paciente, el conflicto de este último podría interpretarse como inhibición de algún tipo. Ello es porque los pies son un órgano de aire (las alas del dios Mercurio), y el aire significa movimiento. Una contracción sentida en un riñón puede interpretarse, dentro de la cosmogonía de elementos-chakras, como algo relacionado con el agua, o con el eje emotivo-sexual-creativo. Un vacío sentido en la mitad izquierda podría interpretarse, dentro del mudo de los meridianos del yoga, como déficit de energía lunar o femenina. Evidentemente, hay que huir de los simplismos. Para interpretar, el sanador se basa en un sofisticado paisaje de sensaciones, no se queda solo con lo primero que le venga. Mientras sostenga su silencio y su intención, obtendrá más sensaciones.

Todas las personas tenemos una cosmogonía “básica”. Si, por ejemplo, sentimos bloqueo, tensión, vacío o constricción en relación con el evento, ello nos brinda una información primitiva pero efectiva de dificultades que suceden. El principiante de primer nivel trabaja con esta cosmogonía.

La segunda fuente de información, que llamamos “conocimiento directo”, proviene del silencio, y aparece como si fuera una clave o una semilla que se presentara súbitamente en la conciencia. Guru Dev dice que esa información reside en nuestra memoria primordial, aquella que recuerda toda nuestra vida, posiblemente también la de toda la humanidad y, finalmente, la que conoce quienes somos en realidad y de dónde venimos.

Señalemos que, en Sat Nam Rasayan, no es necesario diagnosticar para curar. Ello se logra completando. El poder de la sanación reside en la experiencia, no en su traducción. Sin embargo, un diagnóstico ofrece pistas al paciente y permite ayudarse de con otras técnicas alternativas.

EL ESPACIO DE CONOCIMIENTO Y LA MEDICINA CLÍNICA

Las sensaciones no son diagnósticos médicos. El curador podría sentir órgano “vacío”, “pesado”, “duro”, “enlentecido”, etc… y eso no tiene sentido en medicina ortodoxa. Resulta absurdo equiparar sensaciones del curador con enfermedades clínicas. Por ejemplo, el sanador siente algo en el estómago, pero no sabe si eso significa una gastritis o un tumor en el paciente. Podría ser algo energético, o tener simbolismo psicoemocional (todos los órganos tienen un poder emocional). En nuestro ejemplo, el simbolismo del estómago es la capacidad de digerir problemas y reconvertirlos en una fuente de prana (energía vital).

El modo de curar del Sat Nam Rasayan también resulta totalmente diferente al de la medicina clínica. La segunda trata de mejorar o suprimir los síntomas de un modo directo. La primera abre un espacio de tolerancia que contiene el conflicto, que entonces se desbloquea y transforma. Como resultado, el síntoma desaparece tarde o temprano; puede incluso persistir, aunque el paciente aprende a tolerarlo; en todo caso, ante una buena sanación, algo profundo se transforma en el paciente.

Los médicos y otros profesionales sanitarios se benefician al practicar Sat Nam Rasayan. Ven ampliar su entendimiento del universo, ponen un pie en cada paradigma, su práctica se vuelve humana y más intuitiva; además, adquieren un poder curativo que potencia las intervenciones que pudieran prescribir.

SINTONÍAS Y CAMPO ELECTROMAGNÉTICO

En la consciencia, todo está en relación con todo. Al individualizar, el curador puede percibir que, dentro de su campo sensible, hay sensaciones que muestran afinidad entre sí, de modo que, al permitir unas, las otras se transforman. A este aspecto llamamos en Sat Nam Rasayan “sintonías”. Desarrollan extraordinariamente el campo sensible y nos permite descubrir órganos asociados, que se apoyan o se potencian entre sí. Sirven para abrir canales. Potencian aspectos fuertes del paciente. También ayudan a disolver resistencias difíciles.

Un modelo de realidad, llamado por Yogi Bhajan “campo electromagnético”, establece que el universo es un campo continuo de información e inteligencia. No nos interesa tanto como proposición, sino como instrumento eficaz y rápido de sanar. Dicho campo puede percibirse y manejarse mediante sensaciones. Por ejemplo, sintiendo ambas caderas y el corazón; o ambos hombros y el ombligo, se crearían triángulos. El sanador observaría los cambios que acontecen en dicho triángulo al individualizar el evento, y los permitiría hasta completar. Es una sanación rápida y poderosa. Cada practicante podría descubrir o investigar diversas combinaciones. Asimismo podemos asociar el espacio meditativo con el movimiento de un dedo, o al deslizamiento de objetos por una superficie, incluso al cambio de mobiliario de una habitación.

ESPACIOS DE TRANCE Y ENSUEÑO

Los estados de trance se definen como una realidad paralela, que se vive con todo lujo de imágenes, sensaciones, y emociones, que no proviene de los órganos de los sentidos. Como ejemplo pongamos los sueños nocturnos, o los trances inducidos por fármacos o drogas –sustancias que nunca se usan en Sat Nam Rasayan-. La fantasía o la imaginación podrían ser considerados estados de trance.

De todos estos trances, el ensueño es el utilizado en Sat Nam Rasayan. Entendemos por ensueño el “sueño despierto”. Resulta útil como técnica de conocimiento. Tiene un poder simbólico, es decir, no es la realidad, pero resuena poderosamente con ella. El ensueño sucede en toda la conciencia, en el mismo lugar donde suceden las sensaciones. El espacio se mantiene abierto y la conciencia está en todas partes. Se diferencia de la fantasía, la imaginación o la proyección del pensamiento en que estos suceden en una pantalla mental situada en la zona de los ojos, y en la que la persona se concentra.

ELEMENTOS Y CHAKRAS

Los Vedas establecen que la materia está compuesta por cinco elementos: tierra, agua, fuego, aire y éter. Cada elemento tiene unas cualidades físicas y psicológicas; también se asocian con determinados órganos y funciones.
Tierra: densidad, solidez, forma, seguridad, supervivencia, huesos, tejido conectivo, bazo, recto.
Agua: flexibilidad, adaptación, origen de la vida, creatividad, sexualidad, emotividad, aparato genito-urinario, sangre.
Fuego: vibración, inicio del movimiento, vitalidad, personalidad, estómago, intestinos, páncreas, músculos, corazón.
Aire: movimiento, circulación, inteligencia, sistema nervioso, canales energéticos, respiración, inmunidad.
Éter: es el espacio vacío donde asienta la materia; también es cualquiera de los otros cuatro elementos en su estado más sutil. Regula lo comunicado, el arte, el sueño, la muerte, lo ilimitado y vacío.

Los elementos representan una cosmogonía poderosa, muy física e intuitiva. Cada uno de ellos se siente de una determinada manera, y eso les vuelve fácilmente manejables con el campo sensible, más allá de teorías o visualizaciones. A través de los elementos, el sanador obtienen conocimiento de los que sucede al e evento y, cura potenciando o suavizando elementos que se sientan alterados.

El organismo, más allá de los tejidos visibles y palpables, también es un conglomerado de mente y energía. Este sistema energético tiene siete centros o chakras, que discurren de abajo arriba, y que regulan órganos y funciones psicomentales. La cosmogonía de los chakras es paralela a la de los elementos. Cada chakra tiene un órgano de referencia. El primer chakra (recto, coxis) se relaciona con la tierra, el segundo (sacro, genitales) con el agua, el tercero (columna lumbar, ombligo, plexo solar) con el fuego, el cuarto (columna torácica, corazón, timo) con el aire, el quinto (garganta, cuello, oídos) con el éter, el sexto (hipófisis, base del cráneo) con la luz y la intuición, y el séptimo (coronilla, epífisis) con la sabiduría. Guru Dev prefiere el sistema de los elementos para el manejo de alteraciones físicas o estructurales, y el de los chakras para asuntos más psicomentales.

Al igual que con los elementos, el campo sensible resulta ideal para manejar los chakras, ya que permite sentir los órganos de referencia y así obtener tanto información como diversos efectos de sanación.

FORMAS

El mundo material ofrece infinitos modos y formas de presentarse. Algunas de ellas tienen un alto poder simbólico, una gran energía intrínseca o, como diría Yogi Bhajan, una elevada capacidad de alterar el campo electromagnético. Así, por ejemplo, el sanador puede usar dibujos simbólicos (yantras), permitir sonidos de poder (mantras), disponer sus manos de cierto modo (mudras), colocar cerca del paciente determinado número de objetos (numerología), usar piedras semipreciosas, objetos sagrados o simbólicos, y un sinfín de posibilidades. El sanador abre su espacio, individualiza el problema del paciente y se limita a permitir que la forma actúe, matizando tan sólo la intensidad de la relación.

RESONANCIAS

Resonancias es reconocer el impacto de la sanación. Ésta afecta no sólo lo individualizado, sino a la totalidad del paciente, incluyendo su entorno. Pongamos tres ejemplos. El sanador “empuja” demasiado y el paciente “entra en crisis”. Por “crisis curativa” entendemos un recrudecimiento de los síntomas durante los primeros días, antes de mejorar. Las crisis curativas son habituales en muchas terapias (osteopatía, homeopatía, dietética…) No son negativas en sí mismas, pero en Sat Nam Rasayan se procura evitarlas. Segundo ejemplo: al sanar cierto órgano, percibimos que otro mejora, incluso otro más se desequilibra. Tercer ejemplo: curando cierto bloqueo, percibimos que algo del entorno familiar o laboral puede tensarse. En Sat Nam Rasayan tenemos la posibilidad, gracias a las resonancias, de intentar evitar estos efectos o, al menos, de verlos llegar. Así decidimos si parar o seguir curando.

 
 
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